miércoles, 16 de diciembre de 2009

Necesidades:Crisis

Gracias Viti.

En la España de 2009 la crisis económica hizo tanta mella en la sociedad que apenas se encontraban trabajos dignos, muchos quedaron en paro, los jóvenes tenían dificultades para acceder a la primera vivienda y al primer trabajo estable. Vanesa es una de este malaventurado grupo; la más pequeña de siete hermanas, con sus 27 años trabajaba en el bar de sus padres por temporadas, a veces encontraba un puesto como administrativo en alguna empresa, pero tan mal pagado y con tan malas condiciones que volvía al negocio familiar entre suspiros y sollozos. Pero Vanesa tenía un hábito que la ayudaba a pasar los momentos difíciles, desde que aprendió el arte de la escritura con seis años no había dejado de escribir un diario tras otro. Todas las cosas de su vida, buenas y malas, estaban allí recogidas, como un resumen anodino.

El restaurante era uno de esos bares de carretera con menú, donde camioneros y obreros mantenían conversaciones llenas de importancia social y chistes varios. En la parte alta se encontraba la vivienda, con cinco habitaciones, dos baños, un amplio salón y una terraza enorme bañada por el sol y el polvo de la carretera que disfrutaban dos perros de gran tamaño y poca raza. Muy amplia, sí señor, pero muy vieja también, tanto que los días de invierno en los que llovía las paredes se llenaban de humedades y goteras. En la parte baja la cocina, la barra y el comedor estaban recién reformados, un lavado de cara nunca viene mal para el bar.

Volvamos a Vanesa, cuando esto acaeció era primavera, el calor decía que verano; ella se encontraba con su delantal blanco lleno de manchas sobre el fregadero.

- ¡Una de ensaladilla, dos de salmorejo y dos de sopa de pollo!- gritó Gabriel con su bandeja abarrotada de platos sucios que dejó ante Vanesa.

- Ahora mismo te lo pongo, ¿es para los butaneros?- ella secó sus manos.

- No, para los de la fábrica, menudos estúpidos.

Vanesa sirvió los platos en cuestión de segundos, sus movimientos eran rápidos, con gracia; un cuerpo delgado pero lleno de curvas, el pelo negro recogido con una coleta y los labios finos le daban aspecto de actriz, ella nunca fue consciente de ello. Se dedicó el resto del día a ese baile diario que suponía la cocina, las patatas, la ensalada, la carne…; los vapores y la grasa se adueñaron poco a poco de toda su piel. “¡Qué cansada estoy!”

Al final de la jornada los camareros salieron en pos de sus hogares y mujeres. Ella se resignó cuando vio que la basura la esperaba en la puerta. “¡Ya han olvidado otra vez sacar las bolsas!” Las cogió, fuera estaba todo oscuro, sólo las luces de los coches al pasar iluminaban su camino. Llegó a los contenedores, las bolsas retumbaron dentro. Se giró, primero oyó el frenazo, después su vista llegó hasta la carretera, Luca, uno de sus perros yacía entre las ruedas de un camión. Mientras las lágrimas se deslizaban contó lo ocurrido a su madre, Sadeco se ocupó del cadáver del animal.

En la cama, ya más tranquila, con su pijama y la lamparita de noche tomó su diario; comenzó como siempre lo hacía, primero la fecha y un saludo, pero su mano se interrumpió en el papel. Recordó su jornada, rápidamente pasaron las imágenes, en su mente todo se mezcló. El corazón se aceleró, ya en pie sacó todos los diarios de su vida del armario. Le temblaban las piernas, el sudor frío, la furia la abrasaba por dentro. Arrancó la primera hoja de su primer diario, se sintió liberada, la veda quedó abierta, todos pasaron por sus manos; palabras al viento con un suelo lleno de papeles.

3 comentarios:

Curro Armenio dijo...

Precioso final.

Joselu dijo...

Yo he sido un diarista durante muchos años hasta que hace cuatro años cree mi blog que sustituye ese otro mundo extraño que es el diario. Uno no recuerda las cosas como fueron en realidad, ni el orden en que ocurrieron. Todo lo trastoca la memoria (de peces) que tenemos. El diario te ofrece la oportunidad de reconstruir aquello tal como pasó. Entiendo la desazón y el disgusto de la protagonista ante sus diarios. ¿Para qué en fin escribir la propia vida de uno? Algún día los destruiré yo también. Es mejor que no sean leídos. Un cordial saludo.

Recuerdos perdidos dijo...

Curro:
Un final que no inventé yo.


Joselu:
La memoria es caprichosa, adapta los recuerdos, así podemos asimilar realidad mejor.


Saludos.