viernes, 16 de abril de 2010

Necesidades: Made in África.

Porque siempre estás ahí, con tu rostro inocente y los ojos llenos de fuerza. También me emociona tu entereza ante la lluvia, el frío o el calor asfixiante del verano. Y ya me has visto tantas veces pasar con mi Toyota que me saludas y me dedicas una sonrisa, esa que me anima a poner en pie mi jornada, a darle forma. Todas las mañanas me pregunto cómo será tu día y tu noche, cómo pasas las horas, ¿echas de menos esa tierra?, claro que sí, que preguntas más idiotas te hago. Tu tierra es rica, allí la gente sonríe mucho más, no puede ser de otra forma, es la manera de sobrevivir.

A las ocho de la mañana, cabreada porque no soporto mi despertador (mira que lo he cambiado veces), arranco el motor; llego a tu semáforo, lo espero en rojo, siempre lo pillo en rojo, y entonces se produce el milagro. Apareces, sin más, y te compro unos pañuelos para que los mocos del último resfriado no me lleguen al suelo, me contagias la sonrisa, por muy enfadada que esté no puedo dejar de imitar tu gesto de alegría.

A las tres de la tarde, después de pelearme en el trabajo conmigo misma y los otros espíritus me encuentro en el mismo semáforo. Ya no tengo nada que comprarte, mis mocos están a buen recaudo. Pero si pudiera te compraría la fortaleza y constancia que te acompañan, esa que sólo se fabrica en África.

2 comentarios:

Pedro dijo...

Bueno, cero comentarios...¿saldrá a la luz ese racismo oculto y pérfido que todos intentamos ocultar? Humm...

A lo que voy, 100% contigo en lo que cuentas: los que conocen el verdadero sufrimiento (léase la inmensa mayoría de africanos) están hechos de una pasta especial y siempre tienen una sonrisa para obsequiar a todo aquel que tenga la suerte de estar a su lado.

Recuerdos perdidos dijo...

Ja, Peter.
Das glaube ich auch.
Bis bald!