lunes, 5 de abril de 2010

Necesidades: El primo del cerdo.


Me gusta la palabra jabalí, palabra aguda con sílabas directas, la jota le da un aire diferente. En salsa está delicioso, una carne jugosa y tierna. Me tropecé con este animal en la sierra cordobesa el sábado pasado, estaba allí, apuntado en el menú: “Jabalí en salsa con setas”, jamás lo había probado antes, o ¿quizás sí? Lo divertido fue confesar a los otros diez comensales mientras mojaba pan en la salsa de jabalí que había sido vegetariana durante una década. Momentos amenos.

- ¿Desean algo de postre?

- ¿Qué tienen de postre casero?

- Mouse de chocolate, tarta de queso, quesillo,...- Después de la palabra chocolate me he quedado sorda, mi paladar babea. Piden café en sus variedades, sólo, con leche, americano.

- Yo un colacao.- Me encanta hacer esto, todos me miran, no se explican cómo puedo detestar el café.

Y el jabalí sigue en mi cabeza en nuestro paseo por el Valle de los Pedroches, el sol pone la nota de felicidad y de color, las flores muestran amarillos, blancos y violetas, aún hay agua y barro en el camino. Valieron la pena tantos días de encierro, de lluvia.

Entonces lo recuerdo, habrá sido por el dichoso animalillo y el lugar, se parece a aquel campo de mi infancia, el resto, la compañía, la situación, y mucho menos, la edad, no tienen nada que ver. Sí, en aquel lugar también había encinas, ¿tendría siete u ocho años?. Mi hermana unos diez, los abuelos estaban vivos, mis padres todavía juntos. La familia al completo de perol, los típicos domingueros con las sardinas, las costillas y a las cinco o seis de la tarde el arroz correspondiente.

Me asombro, no tengo buena memoria, mi padre me llamó la atención, “¡Chica!, las cosas no se tiran al suelo, aquí tienes una bolsa”. Al menos mostró respeto por la naturaleza, se agradece. Las fichas sonaban en una mesa de madera, mi abuelo Pepe era un fullero de mucho cuidado, siempre metía “gatos” en algunas partidas de dominó mientras doblaba la bota de vino. Las risas de mi madre Carmen con su madre, a la vez Carmen, y al final del camino nuestro coche, un Seat Panda nuevecito, ¿cómo pudimos meternos cuatro adultos y dos niñas en aquella lata?

Uno de esos domingos hicieron acto de presencia dos jabalíes, “¡Las niñas, las niñas!”, gritaba mi madre. Mi padre acabó montado en un árbol, los demás escondidos en el Seat Panda. Los salvajes tiraron sillas, olisquearon el aire y mostraron su gallardía paseando a la vera del árbol donde el cabeza de familia los miraba con terror, no quería ver su coche espoleado por dos primos del cerdo.

Una sonrisa se dibuja en mi rostro, puede ser que el nieto de aquellos puercos haya satisfecho hoy mi hambre, puede ser que mi silencio pase desapercibido.

Fdo. La que no para de hablar (mi última adquisición en cuestión de motes)

12 comentarios:

Curro Armenio dijo...

Un amigo dice que los jabalíes son los cerdos de Neanderthal. Los cerdos son mucho más civilizados. Quiero decir, los cerdos son más propios de la civilización. Como todo el mundo sabe.

Recuerdos perdidos dijo...

Pues me cae mejor el jabalí, ¿por qué será?

La abuela frescotona dijo...

mi abuelo cruzaba los cerdos criollos con el jabalí, su carne es mas sabrosa-
hermoso recuerdo,Recuerdos...
dejo un cariño para ti.

Recuerdos perdidos dijo...

Gracias Abu por la visita y la información.
Nunca se me hubiese ocurrido que los cerdos y los jabalíes se podían cruzar.
Un saludo.

Miguel dijo...

Preciosos, entrañables recuerdos. Yo, urbanitas como soy, jamás he visto un jabalí libre por el campo, pero si lo viera haría lo mismo que tu padre.

Un beso.

Recuerdos perdidos dijo...

Miguel, ser un urbanita tiene sus ventajas.
Un saludo

BLANCO dijo...

¡¿Colacao?!

David dijo...

A mí también me gusta el jabalí y su sabor. No me lo como por venganza porque nunca he tenido la mala suerte de encontrarme con uno en persona (o en animal)pero el sabor... mmm, delicioso. Muy buena la memoria que desarrollas en tus entradas. Y más teniendo en cuenta que son recuerdos perdidos o memoria de peces. Increíble.

Recuerdos perdidos dijo...

Blanco: Si del original, con grumos, mejor. Gracias por la visita.

David: A veces es memoria, a veces fantasía, lo que no sé dónde empiezan y acaban cada una de ellas.
Un saludo

acaba de una vez conmigo dijo...

llamame!!
je, je

Pedro dijo...

Yo...ni jabalí, ni cerdo, ni renacuajo ni cucaracha...La carne lejos, cuanto más mejor. Asco es la palabra. Puaj la onomatopeya.

Gute Nacht, and remember: David Dresden is watching you...just don't forget him.

Recuerdos perdidos dijo...

Pedro fui vegetariana un tiempo, pero es que la carne es la carne.

No me olvido de "David, Dresden".