lunes, 17 de mayo de 2010

Necesidades: Al "savoir-faire"

De camino al concierto hemos pasado por el cruce de Bácor, un pueblo granadino, la aldea en la que mi tío Antonio nació y vivió toda su adolescencia. Ahora reside en El Masnou, Barcelona, y cobra una jubilación ajustada acompañada de nietos y dolores de espalda. Porque cargar butano hasta hace un puñado de años era otra cosa, las bombonas de color naranja y edificios sin ascensor amplificaban el esfuerzo y magnificaban los sudores.

Todos los veranos vuelve a Bácor, durante unas semanas disfruta de su origen, sus hermanos; baja a la presa del Negratín y se acerca a ver los vecinos que cada vez son menos numerosos. Allí se ha construido con sus propias manos una casa, fresca en el interior y con vistas al campo cultivado, a la huerta.

Mi tío Antonio es bajito y moreno, nada que ver con el mito del butanero. No sabría decir el color de sus ojos, pero si cierro los míos descubro la candidez de su mirada y sus movimientos tranquilos. Buen cocinero, buen padre de familia, trabajador incansable que en casa arregla cables, losas, puertas y todo lo que mi tía le exija.

Sus opiniones silenciosas que casi pasan de puntillas llenan mi niñez.

Ya en mi edad adulta lamento que mi tío esté tan lejos, lamento que su nobleza no sea un virus contagioso sin posibilidad de vacuna.

3 comentarios:

Miguel dijo...

Estos recuerdos tan entrañables que conservas de tu tío vienen a indicar que algo de él caló muy hondo en tu personalidad. Por eso lo conservas en tus recuerdos. Y es bonito mantener estos recuerdos de las personas a quienes apreciamos.

Un beso.

Recuerdos perdidos dijo...

Gracias Miguel.

Mi tío "Antonio" tiene algo que encuentro en muy pocas personas, opiniones silenciosas y una modestia que sobrecogedora.

Un saludo.

Vanessa dijo...

Siempre podrás acercarte por allí en vacaciones o algo, al menos para encontrar un poquito de nobleza, q no abunda mucho.
Besos.