
“No todos están perdidos, algunos parecen que duermen un largo tiempo para hacer acto de presencia cuando menos lo esperan.”
Sandra habla mucho durante su jornada laboral, tan sólo se escucha a sí misma, y no se dedica a la política, ni siquiera trabaja de cara al público. De ocho de la mañana a tres de la tarde pone en el lugar correcto los tornillos de una de las piezas de las lavadoras “Siemeans”. El ruido de las máquinas hace imposible cualquier conversación con las compañeras, pero ella habla igualmente, una costumbre que le ayuda a pasar las horas allí sentada sin volverse majara. Se la ve siempre apoyada sobre la mesa, la más gruesa de su fila, cabizbaja y ronroneando. Ni yo podría adivinar los años que lleva ahí, dejando una parte de ella misma en cada tornillo colocado. Tiene una maldita costumbre, o así lo creen sus compañeras, cuando sale se queda junto a su coche, saca un cigarro, lo enciende y después de la primera calada se deshace de él.
Quizás se arrepienta, puede que no.
- ¿Hoy pasas por mi barrio?.- Es Julia, a veces le pide que la deje en casa.
- Sí, bueno...si necesitas que te acerque...Ya sabes, no me importa. Anda sube.- Así, con frases inacabadas, llenas de pausas e indecisión, se mete en el coche y arranca. La anestesia del trabajo perdura en sus reflejos que son lentos.
- Hace una calor inaguantable. La semana próxima dicen que llegaremos a los treinta y cinco grados.- Julia intenta hablar algo, conversar como harían dos compañeras de trabajo.- ¿Sabes que se rumorea que la jefa está liada con el de los encargos?.-Espera impaciente que la otra opine sobre el romance, verla hablar sola en el la fábrica y ahora tan callada le choca. Julia se incomoda ante la actitud pasiva de Sandra. Al llegar a la puerta de su compañera, Sandra para el motor. Necesita ser sincera.
- No me interesan tus opiniones sobre el tiempo ni tampoco sobre lo que hace nuestra jefa. En dos años que llevamos trabajando juntas no has sido capaz de conocerme, sé que no te interesa saber quién soy, no te culpo. Pero intenta entenderme a mí y deja de hacer falsos intentos sociales cada vez que te traigo.- Julia se queda sin palabras, abre su bolso y le ofrece un cigarro.