
- Ocho años de esfuerzo y trabajo, ¡ja!, ocho años sí, pero de esfuerzo y trabajo un pirulín - él ya no veía ni las agujas del reloj, ni recordaba el número de su habitación, no sabía cuantas copas llevaba en su cuerpo. Lázaro aunque también había bebido lo suyo no pudo obviar ese comentario, sonrió y animó al descubridor a que siguiera el discurso privado entre hipidos.
- ¿Me lo repites?- el otro se tambalea sobre la silla, agarra su vaso y da otro sorbo antes de proseguir.
- Bueno, sí, si hablamos literalmente no fueron ocho años de trabajo, más bien unos treinta. Además no fueron míos, claro que no, yo no podría haber perdido tanto tiempo en esas búsquedas imberbes, ni se me habrían ocurrido esas hipótesis descerebradas.No,no,no...-Otro sorbo y calla, se apoya en la barra casi está a punto de dormirse. Pero Lárazo no ceja, quiere enterarse de todo.
- ¿Entonces?
- ¿Entonces? Pues sólo hay que saber escuchar a un médico jubilado medio excéntrico y solitario, uno de pacotilla, como tú, entonces te ganas su confianza. Después te deja entrar en su casa, te enseña su teoría, la obsesión de toda su vida y hasta tiene pruebas de laboratorio recogidas. Al principio no le haces caso, lo escuchas por escuchar, pero luego te das cuenta que hay algo de razón y que lo que expone no es tan descabellado. Inicias por tu cuenta una investigación para comprobar lo que el excéntrico te expone, claramente él no sabrá nada de lo que has comenzado, y cuando empiezas a ver que quizás tenga razón te lo quitas de en medio y montas el proyecto por lo legal y siendo tú mismo el titular del estudio y de las ideas.
- ¿¿¿¡¡¡Cómo!!!!???? Estás de broma, ¿verdad?- Lázaro tiembla ante esa perspectiva y duda si el ser humano podría ser más perverso.
- No.
- ¿Y qué ha sido de ese médico loco y de pacotilla?¿Qué ha sido del descubridor real de todo esto?
- Criando malvas, aguantó hasta los noventa- Lázaro se pone en pie, mira con asco y decepción a aquel que cinco minutos antes admiró, estaba a piques de irse cuando Alejandro lo tomó por el brazo.- Y no intentes nada, eres un pacotilla más con cara de excéntrico, nadie te creería.
A la mañana siguiente Alejandro tembló, la resaca se unió al recuerdo de un Lázaro que aún no sabía si pertenecía al mundo real o a su conciencia.
1 comentario:
Necesidades: de escribir.
Has vuelto... como un vendaval.
Jajaja...
Un saludo, Carmen.
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