jueves, 11 de noviembre de 2010

Necesidades: Tardío



- Desde que estoy enfermo duelen más las derrotas, recuerdo esos casos asiduamente y no dejo de repasar cada detalle, desde lugares hasta personas y olores. Pero hay uno, uno concreto, que me dejó entonces noqueado, incluso la prensa sensacionalista se hizo eco de ello. Todo ocurrió tan rápido y tan ferozmente que no me dio tiempo a asimilarlo, quizás lo estoy asimilando ahora mientras te lo cuento a ti.- Miro a mi hija que ya tiene casi cuarenta, no me quita ojo, desde que el médico habló de cáncer de próstata me escucha con más atención. Sé que quiere rellenarse de mí a través de los recuerdos que me quedan, antes de que yo pierda el sentido con los medicamentos que me duermen y me ayudan a obviar el dolor.

- Para tanto no sería, tiendes a magnificar las cosas, y con el tiempo uno las agranda más y las cambia sin querer.- Termina su tarta de chocolate de un bocado, quiere hacerme creer que incluso tiene apetito, que lleva bien mi partida inminente, la conozco como si la hubiese parido yo mismo.- Pues tengo toda la tarde para que me cuentes ese escabroso caso que tan presente tienes.- Me tapa los pies con la manta y se arrebuja en el sofá contigüo con un bloc y un bolígrafo en sus manos.

- ¿Vas a tomar notas?

- Sí, ¿por qué no?

- No creo que puedas resolver este caso treinta años después, entonces buenos compañeros trabajamos en él codo a codo y nada pudimos solucionar, todo quedó en el archivo.- Sonríe y me anima a empezar dándome un golpe en el codo con el bolígrafo.- Hace treinta años tú tenías nueve, una niña demasiado activa para un policía agotado de los turnos de noche y el mal sueldo. Algunos de mis compañeros eran corruptos otros eran trabajadores como el que más, algunos vagueaban y se hacían los suecos ante problemas mayores, otros se enfrentaban a aperturas de expediente y suspensión de sueldo por poner en evidencia a algún policía-ladrón. Pues todas estas luchas de poder, de diretes, puñaladas y chismes se pusieron en paréntesis durante ocho meses. Durante esos ocho meses la comisaría se transformó, fuimos los mejores compañeros que nunca podíamos haber llegado a ser, todo por el caso de “El fantasma”, así acabamos llamándolo entre nosotros y así se conoció en la prensa - en ese instante, justo antes de empezar a relatar todo, entra mi mujer, dirige una mirada severa que hace a mi hija saltar del sofá.

- Lleváis dos horas aquí encerrados, deja ya a tu padre que necesita descansar un poco.- Me tiende dos pastillas de las de antidolor y un vaso de agua con la ternura de la que todavía tiene esperanza. Mi hija me suelta un beso en la frente.

- Bueno, pero mañana tienes que contármelo todo, vendré después del trabajo, así que ve ordenando esos recuerdos.

- Vale, hasta mañana.- Mi esposa me amolda la manta, sus ojos no mienten, llorosos como los de una niña. Es la primera vez que no sé de qué manera consolarla, la impotencia se añade al dolor. Cuando sale de la habitación oigo sus pasos cansados por el pasillo, han sido tres meses muy duros sobre todo para ella, porque yo ya lo asumí. Las dos pastillas hacen el efecto, el dolor vuela lejos y el sueño se hace patente, lucho contra el segundo. Aprovecho para coger el bloc y el bolígrafo que mi hija ha dejado sobre la mesa. Quiero cumplir la promesa de contarle el caso de “El fantasma” y esta noche no quiero quedarme dormido por nada del mundo, el miedo a no despertar se ha apoderado de mí.

*

“Mi mejor compañero era Francisco, un tipo mayor que yo, franco y práctico en la toma de desiciones. Siempre serio, silencioso y pragmático, de los pocos que todo el mundo respetaba. Aquel año él cumplía tu edad, tenía una hija de quince años. Recuerdo que hizo un frío espantoso, la calefacción se rompió en la comisaría e íbamos todos apretados en nuestros abrigos, parecíamos el muñeco Michelín y bromeábamos sobre ello. En Noviembre Francisco faltó dos días seguidos al trabajo, algo chocante en una persona que nunca, -y cuando escribo nunca es nunca-, había faltado. Estando de patrulla pasé por su casa, pensaba que estaba enfermo o algo así. Llamé al telefonillo. Nadie contestó, otro vecino entró y aproveché para subir. Me abrió la puerta él mismo, su cara era un retrato de angustia.


- Buenas, pensaba que estabas enfermo y he venido a verte a ver qué tal te encuentras.- Me hizo pasar sin decir palabra, una vez sentados en el salón me di cuenta de que la mesa había un cenicero a rebosar, sin embargo él había dejado de fumar hacía unos años.

- Volveré en una semana al trabajo, esto hay que resolverlo sea como sea.- No sabía a qué se refería porque los últimos casos, los de los ladrones de motos y el maltratador estaban solucionados, así que esperé pacientemente su explicación mientras él se encendía otro cigarro.- Antes de ayer, por la noche, violaron a mi hija.- Me puse blanco de golpe y acepté su cigarrillo.- Ella está ahora mismo en el psicólogo con mi mujer, me ha contado cada detalle, ha sido un infierno.

- ¿Cómo?...Quiero decir, ¿cómo estáis?

- Ellas destrozadas, yo con la mala leche

desbordándome. Viniendo a casa a las diez y media un tipo le puso una navaja por detrás a la altura del callejón y allí ocurrió todo. No pudo ver nada, nada, no tenemos nada, y mi hija, mi hija está fatal.- Sus lágrimas me parten el alma.

- Pues en cuanto vuelvas nos ponemos a investigar todo esto. Si quieres puedo ir preguntando a los vecinos que viven cerca del callejón a ver si oyeron o vieron algo. ¿Te parece?

- Te lo agradezco. En la comisaría sólo lo sabe el jefe,

hazme el favor de ir diciéndoselo al resto, no quiero llegar allí y tener que contar a cada uno la razón de mi baja. Dile a Pedro que te eche una mano, él es de los buenos aunque a veces no se comporte como el mejor de los compañeros.- Se levanta, anda nervioso por el salón.

- ¿Seguro que en una semana podrás volver?¿Te sientes

con ganas?- Me mira con los ojos inflados en desesperación.

- Sí, tengo ganas, ganas de pillarlo, hijo de puta, cerdo

asqueroso,...- Sus lágrimas se convierten en insultos, los lanza al aire, está soltando lastre, lo dejo, es el camino para reconcialiarse consigo mismo. Después de aquella conversación no volví a sentirme tranquilo como padre, tú solo tenías nueve años, cada vez que lo recordaba me estremecía de miedo.

Esa semana la dediqué junto a Pedro a preguntar por la avenida del callejón, nadie había visto ni oído nada. Los demás se implicaron sin pedírselo, algunos fueron a la misma avenida algunas noches a ver si aparecía algún extraño repitiendo lugar y acción. Cuando Francisdo volvió le dije todo lo que habíamos hecho.

-Nada, seguimos sin tener nada.

- Habrá que esperar.-Volvímos a la rutina diaria, cada uno hacía su jornada, pero siempre atentos a la zona, con un ojo en el caso de la hija de Francisco.

*

Pasado un mes, en una de las guardias nocturnas llegó una chica de veinte años acompañada de su madre, ambas lloraban sin parar. Después de un rato logramos discernir que la chica había sido violada. Una vez puesta la denuncia las acercó al hospital para las pruebas médicas otra compañera. Francisco y yo nos quedamos a darle vueltas al asunto. La forma había sido la misma, navaja por detrás y arrastrarla a un sitio solitario. Pero esta vez teníamos algunas características físicas: hombre corpulento, moreno, de nariz aguileña, no muy alto, vaqueros y camisa gris, ningún pendiente, ninguna marca. Salimos a dar una vuelta por el barrio donde ocurrió el suceso, ansiosos por encontrarlo y molerlo a palos. Pero no dimos con él, se lo había comido la tierra, desesperación era la palabra.


- ¿Crees que volverá a hacerlo?

- Claro que sí, a lo mejor cambia de barrio, por miedo, pero seguro que lo vuelve a hacer, eso es lo que me angustia, saber que hay otra chica que pasará por lo mismo que mi hija.- Lo dijo seguro de que no daríamos con él.

- Quizá lo encontremos antes.- Estaba asqueado pero no perdía las ganas de poderlo abofetear.- Si lo encontramos ¿has pensado ya lo que harás cunado lo tengas delante tuya?.- Suspira echado sobre la silla.

- Sí, lo he pensado. No haré nada, me ocuparé de que esté en la cárcel el mayor tiempo y con privaciones.

- La cosa es que no cuadran en la descripción otros violadores ya fichados, es raro, suelen ser reincidentes.

- No te comas más la cabeza, mi experiencia me dice que

habrá que esperar a otra chica.- Y Francisco llevaba razón, a las semanas fue una de diecisiete años, mismo modo, mismo hombre, mismas frustraciones por nuetra parte, mismo sufrimiento por la de ella y su familia.


Francisco y yo cogimos la manía de pasear por la ciudad cada noche, casi de madrugada, con la esperanza puesta en un encuentro fortuíto con el agresor. Pero la suerte no estaba de nuestra parte y la mayoría de esas noches nos sirvieron de terapia. Él hablaba de sus miedos, de su hija, cómo toda su vida había cambiado. La chiquilla desde la violación tenía fobia a salir a la calle sola, no era capaz ni de ir a comprar el pan, y tampoco era capaz de quedarse en casa si no estaba su madre o él. Esto parecía una idiotez, pero les limitaba mucho la vida, sobre todo a su propia hija, sus amigas intentaban animarla, iba a terapia dos veces en semana, pero la niña no levantaba cabeza, se había cerrado en banda. Yo le aconsejaba en lo que buenamente podía, nunca me he considerado buen consejero, y después cambiábamos a mis problemas con mis sus suegros. ¿Te acuerdas de la temporada que tus abuelos se vinieron a vivir con nosotros?. La razón de que se vinieran no te lo hemos contado porque no lo creímos necesario nunca, pero ahora, ¿¡qué más da!? Tus abuelos avalaron a tu tío Juan con su casa en la compra que él hizo de un apartamento en la playa. Él se quedo parado porque la construcción se vino abajo, no pudo pagar el apartamento y le quitaron la vivienda a tus abuelos. Al principio vivieron con nosotros, pero yo no podía con tu abuelo, se metía en todo, me tenía por un inútil y su hijo Juan era perfecto, así que un día hablé con tu madre y decidimos que si su hermano era el resposable del desaucio de sus padres que él les diese cobijo en su propia casa. ¡Sí!, puedo ver tu cara de sorpresa, tu tío Juan dejó a tus abuelos sin casa por el lujo de tener una segunda vivienda en la playa. Bueno, dejaré este tema que tu madre nunca quiso que lo supieras, pero una vez abierta la caja de Pandora ya nada se podrá hacer. Además te veo con unas ganas inusitadas de saber cosas del pasado que no viviste o si las vivistes eras demasido pequeña para comprender. Y ya que sabemos ambos que son mis últimos días nos vamos a dar el gustazo los dos, yo de decir todo lo que necesito decir y tú de saber todo lo que quieras saber, siempre que siga en mi memoria, ya sabes que muchas cosas la mente las olvida, yo lo llamo la “selección de la memoria”. Pero bueno, ya me he perdido de lo que te estaba relatando...eso, te hablaba de mis noches junto a Francisco por las calles. Nos sirvió a los dos, no encontramos al violador, pero al menos sentíamos que estábamos haciendo todo lo que estaba en nuestras manos para encontrarlo.

Pasaron unos ocho meses, otras cinco chicas más fueron violadas, nadie veía nada, nadie oía nada, como si la tierra se hubiese tragado al violador Fantasma. Fue desesperante ver pasar el tiempo y no encontrarlo. Las dos últimas chicas violadas lograron ver y describir el rostro de su atacante, hicimos un retrato robot que salió en todas las noticias y periódicos posibles. A los tres días de sacar la fotografía una mujer vino a la comisaría. Era mayor, o por entonces a mí me lo parecía, con el pelo recogido en un moño perfecto, andaba tranquila y venía con el delantal y las zapatillas de estar en casa. Parecía tener la cabeza ida, al principio no le hicimos mucho caso, hasta que sacó la foto.


- Sí, yo conozco al hombre que vi ayer en las noticias.

- ¿En serio? ¿Este del dibujo?.- Francisco señalaba insistentemente el retrato robot.

- Sí, caballero, tengo cincuenta años pero la vista me funciona muy bien, le aseguro que es ese.- Francisco y yo nos miramos, no estábamos seguros si esa mujer decía la verdad, mientras ella rebuscó algo en su delantal y sacó una imagen.- Miren, tengo una fotografía de él y todo, es en blanco y negro, pero se ve claramente que es él.- Los dos nos lanzamos sobre la fotografía de la mujer y nos quedamos asombrados e ilusionados al ver que era el mismo.

- ¿Quién es?¿Cómo se llama?¿Dónde podemos

encontrarlo?...- nos atropellábamos uno al otro al hablar.

- Se llama Antonio, Antonio García, natural de Valladolid.- Los dos empezamos a apuntar en la libreta como locos.

- Pero señores tranquilos, Antonio actualmente está en el cementerio, murió hace tres años de un infarto, era mi marido, tenía sesenta años.-Nuestras caras se pintaron de incredulidad.- Y esta fotografía era de él cuando tenía unos cuarenta. Por eso he venido, quería avisarles que el de la imagen que salió en la tele está más que muerto y no es posible que se haya rejuvenecido veinte años y se haya levantado de la tumba para violar a esas chicas. O ¿sí?.- No supimos qué decir, le tomamos declaración, nos quedamos con la foto que trajo y en cuanto se fue comprobamos los datos, incluso fuimos al cementerio a ver si era verdad todo. Y sí, lo era. Yo nunca la creí, no tenía sentido, ¿podía ser una casualidad? Lo cierto, es que después de la declaración de aquella mujer no volvieron a violar a ninguna chica en mucho tiempo, y las violaciones que se produjeron posteriormente fueron cometidas por otros hombres, estos con DNI en vigor.”


Al día siguiente nuestro narrador queda sumido en una profundo sueño, su hija encuentra este escrito y llora desconsolada. Su esposa también.


8 comentarios:

Houellebecq dijo...

Y al final que cada cual piense lo que quiera sobre quién fue el violador. Puedes creer y no creer porque nos dejas la puerta abierta a los unos y los otros. Qué buen nivel narrativo este que no baja.

Lola dijo...

intrigante.....inoportuna muerte, tenia varias preguntas que hacerle, jeje.

Recuerdos perdidos dijo...

Gracias Houellebecq.

Lola, pregunta, que quizás yo pueda responder. Besos

Thornton dijo...

He empezado a leer tu relato pensando que era un poco extenso para el blog. Pues bien, una vez leído, me sabe a poco, me parece muy corto.
Me ha tenido enganchado desde el principio y no me ha soltado ni al final.

Qué suerte saber escribir así.

Besos.

Recuerdos perdidos dijo...

Gracias Thorton.

Miguel dijo...

Excelente relato. Me ha tenido en vilo hasta el final.

Un beso.

Erelea dijo...

Tus ultimas historias son entretenidas, pero a mi, que entro en internet de vez en cuando, se me hacen largas.

De todas formas, me pregunto ¿de donde sacas tanta imaginación?

Un saludo

Recuerdos perdidos dijo...

Cierto Erelea, demasiado largas.
¿La imaginación? Producto del programa de "La bola de cristal" que veía de pequeña...Un saludo.