miércoles, 10 de noviembre de 2010

Necesidades: De ser infiel


Sabe que está en el mejor momento de su vida, a su éxito profesional, al que siempre dio prioridad, se le une el personal. Hoy estos pensamientos toman su cabeza mientras se ducha y se prepara para una fiesta “sorpresa”, su familia y el buffet de abogados para el que lleva veinte primaveras trabajando se han unido para desearle felices cincuenta años.

En la habitación un traje de chaqueta negro le espera, se coloca la corbata mirando el espejo de la cómoda, sobre ella varias fotografías, su mujer sonríente en un parque, Sandra y Luis, sus hijos, cuando eran pequeños jugando en una piscina y otras dos en las que sus hijos se han transformado en padres y esposos. La satisfacción es tan grande que olvida que estaba haciendo el nudo de la corbata y acaba liándose.


- ¡Cristina!, ¿puedes venir un momento?.- Al instante aparece una mujer de cuarenta y tantos con un vestido sencillo rojo ceñido.

- A ver, ¿qué le ocurre al personaje del día?.- Ella en seguida coge la corbata y en unos segundos la deja perfecta.-Me tienes que contar cómo te enteraste de la fiesta, mira que tomamos todas las precauciones para que no te enteraras, pero siempre me he dicho que tienes alma de espia.-Le da dos golpecitos en los hombros y le suelta un beso rápido en los labios.

- Demasiadas llamadas a voz baja, damasiada gente tenía el día de mi cumpleaños pillado por otra cosa, y sobre todo me di cuenta cuando Sandra y Luis conicidían en la excusa, “Tengo al niño malo”.- Él no puede dejar de mirar los ojos de Cristina, de tocar su pelo suelto.-Nunca me cansaré de repetirte que ese negro de tu pelo y tus ojos me van a volver loco.

- Cariño, tu locura es de nacimiento.- Ella se ríe y sale del dormitorio.


Al llegar a la fiesta se hace el sorprendido, pasa la noche saludando a familiares y compañeros, todos quieren un rato de conversación con la atracción de la noche: él mismo. No pierde de vista a la mujer de rojo que en todo momento anda cerca pero que también atiende al público. En tres horas han llegado al postre, la familia se ha ido, incluso su esposa que ya no podía más con el dolor de cabeza, quedan únicamente los abogados que más han trabajado con él codo con codo; Pedro, especialista en coches robados, Álvaro, dedicado sobre todo a los conflictos por herencias familiares, y Roberto el comodín, capaz de cualquier caso. El resto de la noche la pasan conversando de trabajo entre copas, de casos pasados, de los de ahora. Los allí presentes adoran lo que hacen, viven para ello, lo disfrutan. César toma conciencia de lo afortunado que es.

Esa noche llega a casa en taxi y le cuesta unos minutos meter la llaves en la cerruda. Dentro todo está oscuro y silencioso, el olor a jazmín le invade, a Cristina siempre le ha gustado ese aroma. Va directo a la cocina en busca de un suculento bocado, encuentra una torilla de patatas en la encimera. Se sienta y se dispone a cortar un trozo cuando por la falta de control del cuerpo, el alcohol lo descoordina, da un codazo a una silla y la tira al suelo junto al bolso de su mujer.Así, desde fuera, parece un payaso de circo sin equilibrio. Al terminar con la tortilla levanta la silla que había tirado y recoge el bolso con las pertenencias que habían quedado esparcidas por el suelo. Le llama la atención la cartera, es roja, como el vestido de esa noche, con unos bordados en azul, siempre pensó que Cristina tenía estilo para vestir, pero ahora se da cuenta que tiene estilo para todo, hasta para los detalles más nimios. La abre y empieza a sacar todas las tarjetas a su nombre, Club de Lectura, abono anual del teatro “Els Batard”, tarjetas de descuentos en grandes superficies, El Corte Inglés, Donante de Sangre, la de estudiante de la Universidad de Bellas Artes de Barcelona,... Él podría escribir la rutina diaria de su esposa mirando esos rectángulos de cartón y plástico. En una de las ranuras de la cartera encuentra fotos de tamaño carné, una de Sandra, otra de Luis, de los nietos y una cuarta de un hombre de unos treinta y cinco años, moreno y sonriente, al que César no había visto en su vida.

No le da la más mínima importancia a esa foto, la mira varias veces, graba el rostro del tipo en su memoria y la vuelve a dejar en su sitio, en la ranura de la cartera de su mujer.

Por la mañana tiene un dolor de cabeza espectacular, no está acostumbrado a dormir tan tarde y tan cargado, pero Cristina se ha encargado de llevarle un sobre esfevecente que sabe a limón y hace efecto en menos de quince minutos. Cuando consigue llegar al baño y darse una ducha empieza a ser de nuevo un hombre entero. En la cocina huele a mantequilla, café y tostadas, es un domingo soleado y Cristina ya está planificando algo para hacer.Él se sienta a la mesa deseando un sorbo de café.


- Han puesto un mercado de flores hoy en el paseo de Gracia. Había pensado que podríamos pasarnos y traer algunos tiestos y semillas. Hace un buen día.- Él no está muy comunicativo y tarda en responder.

- Cariño, lo siento pero necesito un día “Gran Hermano”, ya sabes del sofá al baño y a la cocina y se acabó.- Ella sigue sonriente.

- Pues iré yo sola.- Le da un beso en la mejilla y sale con el bolso que estaba en la silla.

Él se queda masticando sus tostadas en solitario, su cabeza rumia algo que siempre ha sabido, su mujer necesita salir y hacer cosas, a ella nunca le gustó estar entre cuatro paredes, eso la afixia. Se ve a sí mismo analizando los comportamientos de Cristina, nunca lo había hecho antes, en tantos años de matrimonio nunca se había parado a analizarla, simplemente la quiere como es, sin necesidad de pensar en cómo es ella. A partir de esa mañana César adquirirá una nueva manía, observar y analizar la forma de actuar de su esposa.


*


-¿Qué te parece si esta noche vamos a cenar al italiano?.- Acaba de llegar del buffet y siendo viernes quiere regalarse un rato con Cristina, sin nietos ni hijos por medio.

Ella acepta encantada y en unos minutos se ponen en marcha, paran en la gasolinera, mientras ella se ocupa de rellenar el depósito él atiende una llamada de un compañero, uno de sus casos peligra y necesita ayuda. Quedan en verse al día siguiente para analizar punto a punto el caso.


- Mañana por la mañana vendrá Roberto a casa, nos encerraremos a trabajar como mulos en el despacho.- Lo dice sobriamente, Cristina conduce en dirección al restaurante.- Eso implica que no podré comer en casa de Luis, le darás saludos a los niños de parte del abuelo.

- Bueno, pues nada, tendremos que aprovechar la noche.

- No nos queda otra, lo siento.

- No digas lo siento si no lo sientes, sé de sobra que te apetece más trabajar que pasarte el día del sábado rodeado de niños gritando.

- Me conoces muy bien.- La conversación queda ahí, pero César se pregunta si conoce a su mujer tanto como ella a él mismo, empieza a dudar y no sabe de qué. Sin embargo dormirán abrazados como cada noche, sin duda.

*

Cuando Roberto llega a eso de las once de la mañana, Cristina ya se ha ido de casa. Así que en vez de encerrarse los dos en el despacho deciden quedarse en el salón, mucho más cómodo porque la mesa en más grande. Después de discutir varios puntos se da cuenta de que el caso está mascado, que Roberto lo tiene todo muy claro y que no era necesario reunirse para tal cosa, además aprecia en él un nerviosismo y despiste supinos. Roberto le dice que es cierto, que el objeto de reunirse con él era para decirle que había estado a punto de matar a su propia mujer tres días antes.


- Mira, creo que si no lo hice en ese momento fue porque llamó al portero el repartidor del Mercadona, sino la mato con estas manos.- Roberto se las muestra a César como si fueran cuchillos, se levanta, coge otro cigarrillo y lo enciende en el cuarto intento.- Pero es que cuando leí esos mensajes en el móvil de su supuesto primo Andrés me volví loco. Ella al principio me lo negó todo y cuando le dije que había leído sus mensajes se me encaró diciéndome que quién era yo para no respetar su intimidad.- César no quiere interrumpir, deja a su amigo vomitarlo todo y abre una botella de vino de los buenos.- La muy perra al final se derrumbó y me admitió que ese tal Andrés no era su primo, si no un compañero de trabajo con el se había acostado una sola vez.¡Mentirosa!, fui a preguntar y a indagar y al menos llevan ocho meses liados.¿Qué te parece? Roberto es un gran cornudo.- Le ofrece una copa a su amigo.

- Roberto, puede parecerte mal lo que te voy a decir pero lo primero que debes hacer es separarte y pasar de ella, cuanto más la ignores mejor será. No eres ni el primero ni el último, debes evitar que tus manos toquen a Laura, te arruinarás la vida.

- Lo sé, lo sé, eres el primero al que se lo cuento, a parte de mi hermano porque llevo desde entonces viviendo en su casa. Necesitaba contártelo. Doce años juntos, y me hace esto.


La conversación los lleva a tomarse dos botellas de vino, César hace terapia a un Roberto destrozado. Lo escucha, le aconseja y cuando llega Cristina le pide un taxi de vuelta a casa de su hermano. Explica a su mujer todo lo ocurrido a Roberto y en un rato queda dormido en el sofá. Despierta más tarde, de madrugada, tiene una manta y el pijama puesto, el salón está a oscuras. Se levanta y va directo a la cocina,esta vez no busca la tortilla, busca el bolso de su mujer, dentro está la cartera roja, saca las fotos y vuelve a ver la del tipo joven sonriente al que no conoce de nada. Le da asco, lo odia, la mira bien, no quiere olvidarlo, las dudas ahora son mayúsculas.

*


Como siempre ha hecho César ante las situaciones delicadas reflexiona en su oficina del buffet a puerta cerrada con “Rose Tatoo” a todo volumen, lo hace cuando ya todos se han ido y no hay nadie en las habitaciones colindantes. De esta forma comienza a tomar decisiones, a vislumbrar un plan más o menos claro, debe averiguar quién es el tipo de la foto, debe averiguar qué hace Cristina durante las horas que él está en el trabajo, debe averiguar si lo que contaban las tarjetas de su cartera es cierto, si ella pierde su tiempo en el club de lectura, la universidad, las tiendas,...Valora contratar a un detective, llama a varias agencias y al final se decide por “L.A. Confidencial”. Dos días después, a la hora del almuerzo se pasa por la oficina de detectives.La cita dura una hora, la tensión no le abandona en esos sesenta minutos, vomitar sus sospechas ante dos desconocidos se le hace duro.


- Usted no es el primer hombre en dudar y le aseguro que en menos de una semana sabrá si su mujer le es fiel. Ha hecho una detallada descripción de su rutina diaria, eso nos facilita el trabajo mucho, pero también necesitamos una fotografía de ella.- Habla el más mayor, delgado y con un traje de chaqueta da un aire de seriedad a una oficína minúscula y asfixiante.

- Aquí la tienen, es muy reciente.- Se la entrega al joven que viste un poco más desaliñado, con vaqueros y camisa, y que muestra una seguridad inusitada para su edad.

- Además tiene nuestro mail para cualquier consulta. En cuanto sepamos algo seguro, con imágenes y vídeo como usted ha solicitado nos pondremos en contacto.- Sigue hablando el joven, lo dice todo maquinalmente, como si ese discurso lo hubiese aprendido y soltado miles de veces a miles de hombres y mujeres angustiados. A él le hace gracia y sonríe en una situación en la que no debiera.

- ¿No les hace falta la foto del que creo que es su amante? Puedo quitársela de la cartera.

- No César, no debe, ella podría darse cuenta. Con lo que tenemos nos basta.- ambos le dan la mano y lo conducen a la salida, siente que le acaban de dar el pésame por una muerte inexistente.

*

Desde su paso por el despacho de los investigadores su estómago está del revés, le cuesta dormir y mira a su mujer casi sin verla. Cada noche acude a la cartera roja para ver la foto del susodicho amante, y cada noche imágenes de ella con él se meten en sus sueños y los transforman en pesadillas. A veces se arrepiente de haber contratado a unos extraños para resolver algo tan personal, otras se da cuenta de que salir de dudas es lo mejor. Cristina lo nota bastante extraño, intenta entablar conversación e incluso se muestra más cariñosa que de costumbre, piensa que eso es señal de la infidelidad y la poca conciencia que a su mujer le queda. Pasan los días y la temida y ansiada llamada no llega, dos semanas después se ponen en contacto con él.


- La hemos seguido las partes del día que no ha estado con usted durante quince jornadas y no hay nada fuera de lo normal. Sus amigas, su carrera, su club de lectura,...Le aseguramos que no hay amante por ningún sitio, es activa, muy sociable y no para quieta, pero no le es infiel. En estos CD’s hay imágenes de las actividades que ha realizado estas semanas indicando las horas, no hay nada que nos haya hecho sospechar.- Ambos me miran mientras yo en silencio termino mi cigarro.

- ¿En serio?.- César está descuadrado, no se esperaba tal noticia, en vez de alegrarse se siente confuso.- Pero eso no puede ser, quiero decir, ¿quién es entonces el tipo de la foto que tiene en su cartera?

- Mire, llegado este punto creemos que lo mejor sería que le preguntase directamente a su esposa sobre esa foto. Quizás el tipo fuese su amante en el pasado o algún novio suyo anterior a usted.- Sus ojos se abren grandes como platos, no quiere esa respuesta, quiere resultados que confirmen sus sospechas.

- Pues caballeros,- se levanta y saca un fajo de billetes de su cartera,- aquí tienen el precio de sus servicios, pero quiero que sepan que son unos inútiles porque estoy seguro de que Cristina me engaña.- Coge los CD’s de la mesa y pega un portazo que hace temblar la habitación entera con sus cuadros comprendidos.

*

Después del mal rato César se da cuenta de que sólo puede seguir a su mujer los domingos, esos días él puede apelar al cansancio decir que prefiere quedarse en casa y después ir a los lugares donde se supone que ella va a estar.

Lo hace durante dos meses y medio, no consigue sacar nada en claro. Cada noche sigue mirando la foto de la cartera, y además, visiona los CD´s de la agencia en los que ella hace de todo sin hacer nada malo. En esos visionados estudia cada detalle, hora, lugares y personas con las que Cristina se relaciona; mira las ropas, la forma de hablar y andar de su mujer, todo es analizado cada madrugada. Una de esas madrugadas queda dormido en el sofá y Cristina lo despierta con cara de pocos amigos.


- Ahora mismo me explicas qué carajo son estos CD’s en los que salgo yo, ¿me has espiado?.- Él medio dormido no entiende nada.- ¡Despierta de una vez marmota! Vengo a buscarte para que te vengas a la cama y me encuentro estas imágenes en la tele del salón.- César se restriega los ojos con los dedos.

- Pues sí, ¿qué quieres que te diga? Pero si estás tan ofendida yo no lo estoy menos,- ella frunce el ceño mientras él se levanta y saca la cartera roja que pone en sus manos.- Venga ábrela, saca la foto.

- ¿Qué foto? César te juro que no sé de que me estás hablando.- Cristina va sacanco todos los papeles y pequeñas fotos de su cartera.Las pasa una a una y no se da por aludida. Él se las quita de la mano.

- Ésta, ésta, la del tipo éste, el moreno que sonríe con cara de payaso.- Ella empieza a reír a carcajadas, ríe unos minutos hasta que se calma y su cara se transforma en la mala leche concentrada.

- ¿Cómo puedes preguntarme eso? En serio, cariño, ¿no te reconoces?

- ¿Cómo?.- César se pone blanco a la vez que mira la imagen que tiene entre sus manos.

- Eres tú hace bastantes años, cuando aún tenías pelo y sonreías en las fotos, cuando todavía confiabas en mí y me querías.

- Pero...no puede ser, éste no soy yo, éste es otro.

-Sí cariño, eso me acabas de demostrar, que el de la foto era otro distinto al que tengo ahora delante.

4 comentarios:

Lola dijo...

guaa!! me ha encantado

Houellebecq dijo...

Me gsuta como el sus pense va creciendo poco a poco pero sin pausa hasta el final en el que ocurre lo último que te esperas. Y es que aquí la sangre no llega al río pero al final hay una verdad de las de reflexionar. A mí también me encanta.

Recuerdos perdidos dijo...

Gracias a los dos!!!!

Anónimo dijo...

jajajaja!Buenísimo, como siempre. Agridulce. Mónica