
No soporto salir de compras, es decir ir a comprarme ropa. Tengo amigas que les encanta irse juntas a ver trapos y echar la tarde entera en las tiendas. Cambiarme de ropa en esos probadores que casi no le dejan intimidad a una mientras suena de fondo una música machacona de la que siempre he huido me pone enferma. Todo para al final acabar diciendo entre dientes, “menuda mierda de moda”, y enfadarme porque no encuentro unos pantalones como los de hace dos años, esos tan cómodos y tan sencillos.
Así que suelo darle vueltas y vueltas al tema, como cuando era niña y dejaba la tarea del fin de semana para la tarde del domingo . Sencillamente lo detesto, por lo que espero hasta el último momento para renovar los pantalones o la camiseta, cuando ya están descoloridas e incluso tienen alguna herida de guerra, cuando no me queda más remedio y salgo a la calle esperando terminar en treinta minutos. Confieso que a veces he ido con mis amigas y he esperado estoicamente lo que ellas han necesitado, por eso mismo, porque son mis amigas y necesito compartir ratos con ellas, aunque sea en las tiendas.
Recuerdo que en la adolescencia mi madre nos daba a mi hermana y a mi el dinero para comprarnos alguna prenda, sólo una, sobre todo yo que al ser la pequeña heredaba el armario de mi hermana. Ni corta ni perezosa le daba a mi hermana mi parte y le decía que me comprara un vaquero de mi talla o un jersey marrón, me ahorraba el mal trago.
Ahora no puedo deshacerme de esa tarea, y además con el paso de los años es en estos lugares cuando descubro que tengo una talla más, que la 38, o incluso la 40 ya no me entra, y se me queda una cara de imbécil anodina frente al espejo del maldito probador. Me miro y me remiro, y concluyo que sí, que mi barriga es más señora este año, que mi culo empieza a ser “culón” y mis pechos están más rellenos.
Pero hoy me he dado cuenta en casa, al mirar lo antiguo y lo adquirido, que ambos han seguido siempre la misma línea.
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- ¿De qué línea hablas ahora?- No, yo nunca hablo de eso, eso es para los diseñadores modernos que tan mal me caen.
- ¿Entonces?
- Entonces hablo del proceso, de lo de antes y lo de ahora, de que todo lo que hay en mi armario sigue una constante.
- ¿Por ejemplo?
- El marrón y el azul.
- Yo también veo amarillos, morados, verdes y negros.
- Esos son los menos.
12 comentarios:
Los gustos no hay quien nos lo cambie, ni siquiera el paso del tiempo.
Besos.
Las manías menos todavía.
Un saludo.
Me he pasado la vida heredando la ropa de mis hermanos mayores. Once hermanos y un padre profesor, no daba para mucho.
Ahora mi ropa me la compra mi chica, yo soy incapaz de ir de compras. No lo soporto.
Un saludo.
Heredar la ropa de los hermanos mayores ha sido una buena forma forma de educarnos.
Por cierto, ¿once hermanos?
¡Qué gran familia!
Un saludo.
No me gusta vestir a la moda, sino de un modo. Lo mismo es aplicable a otros verbos, como hablar, comer, pensar, vivir.
Buen apunte Curro, un modo de vivir.
Yo también odio tener que ir a comprar ropa. Y siempre me tiene que arrastrar literalmente mi mujer porque yo solo nunca voy. En fin hay gustos para todo.
Un beso.
Que por lo menos nuestra moda no pase de moda. Todo cambia tan rápido. Tan sin dirección.
Un saludo.
Esto de mantener unas formas aunque pase el tiempo es tener ESTILO PROPIO.
Un saludo
Miguel, a mí me arrastran a las tiendas los agujeros de las camisas.
Blanco, jamás pasarán de moda nuestras vidas atemporales.
Erelea, en otras circunstancias seríamos héroes del Estilo Propio.
Un saludo al cubo.
A mí la ropa me la compraban mi madre o mi hermana. No soporto las tiendas. Me gusta leerte. He hecho bien en recuperar los post que tenía atrasados. Descubro joyas como esta.
Gracias de nuevo Houellebecq.
Lo del blog son vagatelas, nada de joyas.
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