domingo, 19 de diciembre de 2010

Necesidades: El Pitos III

Pulsó el timbre dos veces, se escuchaba un murmullo perpetuo en el interior. Le recibió un hombre flaco de aspecto amarillento verdoso, su nariz puntiaguda parecía sacada de un personaje de tebeos. Se metió las manos en los bolsillos.

- Espere un momento, tengo que mirar en la chaqueta…- Cerró en sus narices y a los pocos segundos volvió a abrir.- Aquí tiene caballero, tendrá suficiente con estas monedas ¿no?.- Entonces apareció Elisa vestida de negro.

- Al fin llegó, ya pensaba que no vendría, pase señor, pase.- Se acercó al hombre flaco.- Pero... ¿¡Qué estás haciendo Luis!?, ¿le has dado limosna a el Pitos?. Este caballero era uno de los mejores amigos de mi marido, aunque sea un vagabundo no tiene usted por qué ponerse a darle limosna, lo he invitado yo. Él fue el último en oír la voz de Alonso.- De un empujón metió a el Pitos en el interior de la vivienda cerrando la puerta tras ella. El tipo delgado olvidó disculparse y se perdió por el salón mirándolo de soslayo. Elisa lo invitó a un café, él pidió un poco de whisky en memoria de Alonso, después se sentó y observó por primera vez su hogar. El salón era enorme, había tres zonas; a la derecha una mesa de madera para ocho personas llena de platos exquisitos que sólo con olerlos estaba medio alimentado. Además había un gran ventanal que daba al parque La Rosaleda. A la izquierda un piano cerrado y lleno de polvo con un espejo en la pared de forma rectangular daba un aspecto más culto a la sala. En el centro tres sillones, cada uno de tres plazas, rodeando una mesita ovalada. Se sentó en uno de ellos. Comenzó a mirar la gente que tenía a su alrededor, todos muy guapos y guapas, con joyas; eran banqueros, gente de negocios, algún concejal, abogados y abogadas, médicos,…Media ciudad entera estaba en aquel salón. Por un momento cruzó su mirada con la de Luis, aquella cara le sonaba de algo, ¿pero de qué? Tomó otro sorbo mientras intentaba hacer memoria. De golpe recordó donde había visto ese rostro. En las fotos que Don Alonso le había mostrado justo antes de su muerte, “Luis era uno de los que estaban en la orgía con Elisa”. Le entraron ganas de vomitar, se levantó impetuosamente, preguntó por el baño y salió corriendo por el pasillo como un loco recién salido del psiquiátrico. No pudo evitar hacer ruido. Alguien golpeó la puerta, era Elisa.

- ¿Le ocurre algo?, ¿se encuentra bien?.- Estaría perfectamente en unos instantes. Abrió la puerta.

- Estoy bien,… no sé que me ha pasado. Necesito comer algo.- Fue directo a la mesa de las ocho plazas y tomó varios bocados, algunos los metió en sus bolsillos para la cena y el desayuno. Una vez saciado su apetito, buscó a Luis, no lo encontró en toda la casa. Elisa lo llamó a la biblioteca. A solas comenzó el interrogatorio.

- ¿Qué le contaba mi marido cuando llegaba borracho?.- Contestó que le hablaba de sus problemas de trabajo, de su querida hija y de sus discusiones con ella, su esposa.

- Parece que tanta hospitalidad no le ayuda a recordar bien; usted es él único amigo que tenía Alonso, así que no me diga tonterías, no soy idiota; ¿le enseñó algo Alonso la noche de su muerte?.- Su cabeza daba vueltas, pensó rápido y disparó.

- No, le repito que no me enseñó absolutamente nada.

- Entonces, ¿de que conoce a Luis? ¿Por qué fue a vomitar en cuanto lo reconoció?.- No le quedaba otra salida que decir la verdad.

- Pues en las fotos de la orgía no queda usted muy favorecida; pero ese tal Luis tampoco.- Su cara se irritó y sus ojos verdes llenos de furia se abrieron más.

- Con la borrachera que traía Alonso fue muy fácil descubrirlas, pero no me tome por una zorra salida.- Su cara se llenó de lágrimas en unos segundos.- Yo nunca he...participado en una, una…orgía; yo nunca le he sido infiel a Alonso, ¿entiende?.- No me encajaba aquella historia.

-Entonces, ¿existe una doble suya?, imposible. ¿Qué hace aquí Luis?, ese también sale en las fotos.- Silencio, reflexionó unos instantes.

- Luis no sabe que tengo estas fotos; sólo lo sabemos usted, yo y el que las hizo y envió a mi marido. Y esta mujer que parece idéntica a mí no soy yo, se lo juro. Esto es un montaje, si el fin era matar a mi marido de un disgusto lo han conseguido, pero si el fin era otro, aún no lo he descubierto.- Miraba por la ventana, con la vista perdida, hablando muy despacio. Se levantó sin quitar los ojos de la ventana. Era preciosa, hasta disgustada lo era.- Pitos, necesito su ayuda. Ayúdeme a buscar quién envió esta porquería a mi marido y porqué. Yo a cambio le daré un apartamento donde dormir, ducharse y tener comida todos los días.- Se quedó blanco como la pared. Ya no podría dormir tranquilo a pierna suelta, ya se había creado una preocupación.

2 comentarios:

Houellebecq dijo...

La historia se pone interesante. Este Pitos, para ser un arrastrado se mete en lugares muy pijos. Pero ya se le nota que vaganbudea por el encantador detalle psicológico de guardarse la comida en los bolsillos para cuando le falte. Pero sobre la historia estoy realmente intrigado por saber si esa mujer ha sido infiel de verdad, con una gemela(se dice que imposible) o por montaje. Y por saber qué puede hacer este Pitos con la situación que le ha tocado.

Lola dijo...

me he puesto al día, esto muestra ya la intriga del siguiente capitulo.