martes, 14 de diciembre de 2010

NECESIDADES: El Pitos II

Lo despertó una ambulancia, ruido en el portal, camilleros que subían hasta el tercer piso. Se levantó, vio salir la camilla con el cuerpo de Don Alonso y a la Señora de Alonso junto a ella con lágrimas en los ojos. “Ha sido un ataque al corazón…” Fue uno de la ambulancia quién lo comentó. Eran las 7 de la mañana, buena hora para empezar el día. Se limpió en la fuente del parque de la Rosaleda, esperó al de los caniches, esas monedas serían perfectas para un desayuno. Comentó con el de los caniches lo de Don Alonso, se quedó sorprendido, “Hay que ver, con lo fuerte y joven que estaba Don Alonso, parecía un toro”. El Pitos sintió la necesidad de puntualizar sobre el animal “Más bien un cerdo, ¿no le parece?”.

Ese día también habló con Pepe, el pobre estaba muy afectado por lo de Don Alonso, era de su quinta, tendrían que ir al funeral y darle el pésame a la viuda, Doña Elisa. Doña Elisa era una Doña muy Doña, con sus 49 años llevaba dos fundaciones de niños huérfanos, tenía acciones en bolsa, asistía a exposiciones de pintura y estudiaba Chino; su aspecto era inmejorable, piel aún suave, ojos verdes esmeralda y unas pierna tan largas que no terminaban de acabar. Siempre vestía elegante, como una Doña que era. El día del funeral El Pitos estaba intranquilo. Todo el mundo parecía, o quería parecer, triste, colores oscuros y lamentaciones. Pepe estaba a su lado, le hacía preguntas para que le describiera lo que iba ocurriendo en directo, como un locutor de deportes. “Ella está sentada, al lado su hija, están pasando a darle el pésame; primero el tipo ese del banco, Lucas, el director…ahora creo que es…no sé, es una mujer corpulenta de unos 30 años, creo que es…la dependienta de la boutique…puede ser. Doña Elisa parece destrozada”. Pepe dijo que era el momento de acercarse a la viuda a darle el pésame, Pitos lo tomó del brazo y lo condujo. “Señora, mi más sentido pésame” Elisa se limpió algunas lágrimas y tomó la mano de El Pitos. “Usted debe ser el vagabundo del que siempre me hablaba Alonso. Decía que usted era un buen hombre, lo vio la misma noche de su muerte, ¿verdad? Quisiera que me contase sus últimas palabras”. El Pitos se puso más nervioso, asintió; quedo invitado a la merienda que se daría esa tarde en su casa después del entierro.

5 comentarios:

Erelea dijo...

Le estas poniendo en un compromiso al pobre Pitos.

Recuerdos perdidos dijo...

Ya veremos cómo se las arregla.

Houellebecq dijo...

Pues ya lo veremos. Ahora acaba de encontrarse con el conflicto que necesita todo buen relato. Yo sigo la mar de atento por aquí.

Miguel dijo...

Bueno, esperemos a ver por donde sale el bueno de Pitos. El relato está cobrando interés...

Un beso.

Lola dijo...

estoy a la espera de Pitos III.....