jueves, 15 de marzo de 2012

Necesidades: Colibríes y tortugas


Juan no se da cuenta, sigue su rutina como si cada día fuese igual al anterior, a veces remarca un cambio de temperatura, sobre todo porque la gente comenta el calor o el frío que hace. Es un tipo esquivo que nunca mira a los ojos pero que todo el mundo respeta por sus formas y su plante, y todo el mundo admira por su capacidad de hacer treinta cosas a la vez y llevarlas a buen término.

Según su esposa Juan es hiperactivo. Se conocen desde el instituto. Ana siempre lo recuerda metido en el club de rol, en el taller de teatro o con el equipo de baloncesto del barrio. Pero al contrario de lo que ella pensó, con el tiempo Juan no dejó de hacer cosas, es más, en cuanto terminaba una empezaba otra sin dejar un momento de descanso. Ana nunca se acostumbraría a ese compás frenético pero aprendió a convivir con el biorritmo de Juan, lo toleraba y hacía lo que podía por seguir el suyo propio. Al tener energías tan dispares tuvieron que buscar un momento del día para poder sentarse juntos, hablar y hacer lo que en ese momento quisiesen ambos, es decir, un momento para la pareja. Así que instauraron por rutina, pero una rutina de las buenas, cenar semanalmente cuatro noches juntos en casa, sin televisión ni nada. En esas cenas siempre salían conversaciones interesantes, porque aunque Ana era más tranquila y hacía menos cosas, sólo trabajaba, su mente siempre estaba dando vueltas a ideas y realidades.

- Hoy he traído una botella de Ribera.-Ana se sienta ante un plato humeante de canelones que Juan ha preparado.

- ¿Y qué estamos celebrando hoy? Lo digo para saber qué decir en el brindis.- Mientras, él sirve las copas.

- Hoy cariño hago el discurso yo. Brindo por las pastelerías, las floristerías y las librerías.- Juan se ríe ante la ocurrencia de su mujer y da un sorbo a su copa.

- Bueno, bueno, ya puedes explicarme ese brindis, seguro que has elaborado una teoría nueva.- Ana se revuelve en su silla, prueba los canelones y se lanza a explicarle su descubrimiento.

- Mi teoría se podría llamar "De tortugas y colibríes" No me mires así, deja que me explique. Esta tarde, al salir de trabajar me he pasado por la librería de Hortensio. Ya sabes que me encanta ir allí, rebuscar entre los libros, perderme en los títulos y de vez en cuando hablar con él. Hoy me he parado más rato de lo normal. Estaba ojeando la estantería de plumas que tiene junto a la puerta cuando entró una mujer más o menos de mi edad. La miré al instante porque llegó como un vendaval, le dijo a Hortensio el libro que necesitaba y le pidió que se lo envolviera para regalo. La mujer no dejaba de mirar el reloj y se retorcía las manos, tenía mucha prisa. Ya sabes como es Hortensio, se toma su tiempo para ir al almacén, da conversación al cliente y envuelve los libros muy bien. Fueron unos diez minutos, no más, y la mujer no dejaba de resoplar. Él mostró los colores de papel de regalo que tenía, ella dijo que cualquiera iría bien. Hortensio lo cortó con extremo cuidado, casi mimando cada movimiento, como si estuviese acunando un niño en vez de un libro. A ella la cara le fue cambiando por segundos, al salir su rostro estaba descompuesto y cerró la puerta con gran ímpetu. Este incidente me ha llevado a la siguiente teoría, creo que hay tres lugares en los que las personas nos transformamos o en tortugas o en colibríes. Son las librerías, las floristerías y las pastelerías lugares en los que el tiempo parece ir por su cuenta, no es exactamente que el tiempo se pare, es como si tuviesen un orden propio en el que las prisas de los colibríes no existiesen o fuesen ignoradas. Este tipo de tiendas, si te das cuenta, la mayoría de las veces está regentado por personas tranquilas, apacibles,que casi como tortugas lo hacen todo muy quedamente. Y en ellas las personas que van con prisas y tienen una vida ajetreada, los colibríes, acaban bufando porque no se dan cuenta de que el tiempo se ha estancado y ni siquiera logran entender que existen personas-tortuga y lugares mágicos.

Los canelones están fríos, el vino casi vacío.

3 comentarios:

Houellebecq dijo...

ja,ja pues no me había dado cuenta pero lo cierto es que yo al ver tortugas me ralentizo también por mimetismo. Soy un camaleón. En las librerias o bibliotecas el tiempo va a mis gusto y si se puede parar mejor. Lástima que el de la cena siga su curso.

Erelea dijo...

El tiempo es como un muelle.
¿Cuanto mide un minuto?

Miguel dijo...

Es bonito perderse entre los libros. Allí la imaginación se desborda y pueden aparecen sueños impensandos.

Un beso.