jueves, 11 de agosto de 2011

Necesidades: Y si...


"¿Quieres ir sentada o andando?" Recuerdo a mi padre con barbas, enorme, como un gigante rubio me abrazaba con sus brazos peludos haciéndome cosquillas. Yo sonreía picaronamente, la sensación de libertad que me regalaban mis piernas era más entretenida. Él siempre me hacía aquella pregunta a sabiendas de que en seguida pondría pies en polvorosa, le gustaba ver a su gorriona volar por la Rua da Pastora. Ahora que el tiempo y el cáncer le han ganado, ante estas fotos encontradas en el desván de la vieja casa de Cambados, descubro que mi padre era una mezcla de imperfecciones casi perfectas.

- Por eso lo amabas tanto.- Me ha sobresaltado, es mi hermano mayor, Santi, una copia de mi madre, moreno, silencioso y capaz de leerme el pensamiento.- Siempre te gustó que se contradijera, que nos contradijera poniéndonos a prueba. Te encantaba su obsesión por la higiene a la vez que ese olor a pescado que cualquier hombre de mar lleva incrustado en sus poros no lo abandonaba jamás.- Se ha sentado con las piernas cruzadas a mi lado, el suelo de madera parece una acogedora alfombra, como si fuésemos a empezar un viaje sobre ella, a las mil y una noches, las que él pasó entre olas.

- Y a ti te embaucó con las historias de piratas y monstruos marinos de grandes fauces.- Ahora soy yo la que le lee el pensamiento, o mejor dicho leo los recuerdos atraídos por las imágenes en blanco y negro que tenemos en nuestras manos, imágenes que bien podrían haber sido parte de una novela de misterio.- Era un buen narrador, tenía una imaginación infinita, podría haber sido...- No termino la frase, Santi me mira extrañado, casi con cara de enfado.

- Papá fue lo que quiso ser, pescador, padre, buen narrador, aficionado al vino y a las filloas. Él fue feliz, míralo aquí.- Su voz ha sido la de un ogro, el ogro mayor. Me da una de las fotos que él tiene entre sus piernas.- ¿Ves? Está junto a mamá y la tía Luisa, mira cómo sonríe.- Ojeo la imagen, y tiene razón, está sonriendo, como todos sonreímos cuando nos hacen una foto. Pero sigo con mis dudas, y mi hermano, lo nota y se pone rojo, un ogro rojo rebotado.

- Santi, ¿no crees que papá pudiese haber deseado otro tipo de vida? Podría haber sido escritor, maestro, incluso un buen científico, podría haber viajado, conocido el mundo, tenía tanta capacidad y tanto carisma.- El deseo de otra vida no quiere decir que sea errónea la actual, ni que la otra sea la acertada, ni al contrario. Me pierdo en mis pensamientos mientras Santi sigue buscando fotos con sonrisas, la alfombra de los sueños ha desparecido y un colchón pasa a mediar entre el frío y nuestras posaderas. Hechizo roto y borrasca en alta mar.

- Mira estas otras, contigo y conmigo, de pequeños, en la torre de San Sadorniño.- Mientras me las muestra intento ordenar mis ideas y adecuar mis palabras, mi hermano siempre fue más sensible, como mamá. "Santi eres un cromo repe de mamá, ¡joder!", me muerdo la lengua. Dejamos que el silencio tome el cuento entero, empiezan a sonar gotas, ese sonido ha sido un regalo, una tregua para ambos, el ogro y la heroína respiran para retomar la batalla. Observamos el resto de objetos que nos rodean, una mesa de forja solitaria y oxidada, unas cajas con ropa de otro tiempo, lámparas que lloran y cuadros sin valor. Un lugar ideal para empezar un cuento de los de verdad, no como éste que se me hace crudo y casi infantil. Sin darnos cuenta acabamos de nuevo sobre el colchón con las fotos revueltas.

- En serio, papá disfrutó de su vida, eso está claro. Pero como has dicho siempre estaba lleno de contradicciones, una de ellas era esa, disfrutó de su vida, claro que sí, y a la vez añoraba algo más, su mirada reflejaba esa nostalgia continuamente, ¿nunca lo notaste?.- Espero que esta forma de razonárselo le guste, que no sienta que la memoria de nuestro padre queda en entredicho. Veo que no se pone rojo, señal de que voy bien.- Esos suspiros, ese mirar al horizonte, esa afición suya por enterarse por todo lo que ocurría y había en otros lugares.- Pasan unos minutos antes de que Santi claudique, y lo hace, pero no gracias a mis razonamientos. Me ha pasado una foto que había quedado en el fondo de la caja, en ella papá posa junto a un mercader chino y otro ruso que por casualidades de la vida acabaron en Cambados. Una foto, la única en la que papá no sonríe, la única en la que la nostalgia ha dejado de ser sombra en sus ojos.


4 comentarios:

Houellebecq dijo...

Pues yo me quedo que cualquier vida que escojas puede ser tan buena como la que no. Es humano añorar otra cosa. ¿A quién no le ha pasado alguna vez? Pero sólo porque lo que no se tiene es algo soñado y lo inventamos y en lo ensalzamos más de lo que realmente sería. La fotografía del final es un bonito remate para la historia pero en la vida real pensaría que sólo es la expresión fugaz del instante de una persona pero que no la resume. Que el padre no fue ni más ni menos feliz por marinero que por lo otro que hubiera podido ser. Saludos

Curro Armenio dijo...

Estupendo relato. ¡Qué bien escrito! Es además, muy, muy gallego. Me gusta un montón.
Felicidades.

Recuerdos perdidos dijo...

Houellebecq:
Añorar otra vida es muy humano, ser nostálgico continuamente es sólo características de algunos humanos.

Curro:
Es muy gallego porque lo comencé sentada en un bar de Santiago viendo un padre enorme jugar con su hija. Por casualidad llevaba una libretita en el bolso, mi amiga había ido al baño y los días anteriores había estado en compañía de gallegos por Cambados.
El medio me estimula, eso esta vez me ha quedado claro.
Gracias.

Miguel dijo...

Mi padre también fue pescador. Y también olía a mar... y también me contaba historias...
Un post entrañable...

Besos.